Dani Trainer

HEDONISMO VS VIRTUD: POR QUÉ UN EXCESO DE PLACER NOS PERJUDICA

hedonismo que es

«He aprendido a buscar mi felicidad limitando mis deseos en vez de satisfacerlos» (John Stuart Mill)

Hedonismo es una palabra derivada del griego Hedone (placer). Virtud (Areté) tiene una definición más complicada ya que cada filósofo tenía su definición propia, pero podríamos decir que consiste obrar a través del conocimiento para alcanzar ideales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza.

Los antiguos filósofos de Grecia pretendían buscar una respuesta a la pregunta: “¿Qué es una buena vida?” Lo primero que se les ocurrió como respuesta: “felicidad” (eudaimonia). Aquí estaban todos de acuerdo todos.

Ahora bien, ¿qué es felicidad? El primer candidato que aparece es el placer. Y aquí comienzan las discrepancias entre epicúreos, que estaban de acuerdo y estoicos, que rechazaron el placer como única fuente de felicidad.

Epicuro defiendía que el placer es un estado de bienestar que evita el dolor y satisface los deseos, que son necesarios y naturales.

Por el contrario, Platón pensó que el placer es incompatible con la virtud, ya que es ilimitado y egoísta.

Para entender mejor todo esto, conozcamos la historia del filósofo griego Pródico de Ceos sobre Hércules, la virtud y el placer.

<<Hércules era un joven poderoso, podía tener las mujeres, territorios o riquezas que quisiera. Pero el joven Hércules estaba entrando en la edad adulta y llegando a ese momento donde uno se da cuenta de que el tiempo pasa deprisa.

Ese punto en el que miras hacia atrás y no sabes muy bien cómo has llegado a la situación actual y por ello, en ese punto, el joven Hércules como cualquier otro ser humano debía empezar a tomar decisiones acerca de lo que quería que fuese su vida.

hercules

Hércules se adentró en la soledad del desierto para reflexionar sobre ello, y allí observó a dos sensuales mujeres que se aproximaban a él. La primera de ellas se acercó a Hércules y le habló de una existencia sin dolor y llena de placeres, en la que el sufrimiento y el esfuerzo no tenían cabida.

Hércules le pregunto su nombre y ésta contestó: “Hedone” (placer).

La otra mujer también se acercó a Hércules pero con un discurso muy diferente. Vestía modesta y su rostro era más severo. Ella le dijo que para vivir con ella debía ser invitado, algo que cuesta conseguir. La mujer le dijo que de todas las cosas buenas de la vida, ninguna de ellas se puede conseguir sin trabajo y esfuerzo, porque los dioses han puesto un precio muy alto a cada placer real. Que la plenitud y felicidad se alcanzan a través de las habilidades que hay que cultivar día a día.

El nombre de esta mujer era Areté (virtud).

Tras la presentación de Areté, Hedone, que observaba la escena, rió y resaltó que la felicidad que proponía la virtud era demasiado larga y tortuosa. Se cansaría por el camino, sin embargo, el camino del placer sería corto y fácil.

Pero Areté replicó que los placeres cortoplacistas (beber sin tener sed, comer sin tener hambre, dormir sin tener sueño… señaló Areté) no son de valor y sí lo son aquellos fruto del esfuerzo del hombre, la música compuesta por uno mismo, el objeto de creación propia, la amistad cultivada durante años… Una vida dedicada al placer –recalcó Areté- garantiza una existencia de angustia y arrepentimiento en la vejez.

Hércules, tras meditar las propuestas de las dos damas, eligió el camino de la virtud>>

HEDONISMO EN LA SOCIEDAD ACTUAL

La metáfora del hedonismo y la virtud es una de las enseñanzas más valiosas que nos ha proporcionado la filosofía griega y es sorprendente como estas teorías formuladas hace miles de años tienen un gran valor en la actualidad.

La historia de Hércules nos explica que no puede existir crecimiento y felicidad real (no la felicidad que da comerse un bollo o tener un coche nuevo) sin esfuerzo y virtud.

A pesar de la antigüedad de estas teorías, en el mundo actual nos enfrentamos al mismo problema: qué camino elegir y es evidente que la sociedad occidental se ha decantado claramente (en su mayoría) por el hedonismo.

Como resultado, la sociedad actual se basa en una búsqueda incesante por el placer, olvidando las consecuencias que ello tiene. Podríamos pensar, ¿qué tiene de malo una búsqueda constante del placer, si es algo positivo? Nada, de hecho el placer es (por definición) algo bueno y que a todos nos agrada.

Pero recordemos una cosa: todo en su extremo se convierte en lo puesto. Es decir, un placer excesivo y constante se convierte en algo negativo.

Hemos creado un mundo que busca la estimulación y el placer como fin único, en diversas formas:

Sedentarismo: la ley del mínimo esfuerzo en cuanto al movimiento. Utilizar ascensor en vez de escaleras, coche en lugar de ir andando, no hacer ejercicio…Es más placentero sí, pero te acabará matando.

Comida basura: “alimentos” con una mezcla de grasas hidrogenadas, azúcares, adictivos, etc, que producen un enorme placer y que generan dependencia, es decir, cada vez queremos más. Como en el caso anterior, abusar de ese placer momentáneo como a menudo se hace te puede llegar a matar.

Lo cómodo es pedir comida y que te la traigan a casa en lugar de preocuparte en cocinar algo sano, pero de nuevo, este placer a corto plazo te puede hacer mucho daño a medio-largo plazo.

-Redes sociales, Netflix y compañía: las redes sociales liberan hormonas en el cerebro vinculadas al placer. No podemos permitirnos ni un instante de aburrimiento. Estar en la cola del supermercado y aunque el de delante esté ya pagando, saco el móvil a ver qué ha subido a Instagram una persona que ni conozco.

Y efectivamente, el abuso de redes sociales está vinculado a depresión, ansiedad, peor estado de ánimo y tendencia a catastrofizar una situación personal, debido a que en estas redes sufrimos un bombardeo constante de perfiles (que no personas) con vidas perfectas, haciéndonos creer que nuestra vida no es tan buena.


dopamina

Un exceso de placer aumenta neurotransmisores como la dopamina, cambiando la química del cerebro.

-Alcohol y otras drogas: aunque los daños colaterales en la salud y las resacas que dejan las drogas son tremendos, la pérdida de consciencia e inhibición que producen a corto plazo es algo muy buscado en esta sociedad. Evidentemente la dosis hace el veneno, no es comparable tomarse una copa de vino con la comida que beberse media botella de ginebra.

-Sociedad sexualizada: que el sexo es sano y divertido no tiene debate. Pero en la sociedad actual, muchos ámbitos giran en torno al sexo: series y películas con desnudos cada 5 minutos (juego de tronos ejem), canciones y videoclips que si oh papi incitan al acto sexual diecisiete veces al día, pornografía gratuita cuyo consumo empieza cada vez antes (en algunas zonas con 9-10 años ya se consume pornografía), salir de fiesta en busca de un revolcón irrelevante con un desconocido como si fuera una competición, etc.

Y esto, además del impacto que tiene en los más jóvenes, puede producir una ansiedad terrible. Si no tengo sexo x veces a la semana, he fracasado. Si no voy por la vida más salido que un bonobo o mi deseo sexual es bajo, necesito ayuda médica o tratamientos con fármacos, cuando una baja líbido no tiene por qué significar un problema de salud.

-Compra online: ni siquiera tenemos que hacer el esfuerzo de salir de casa para comprar algo, ya que cualquier cosa puede ser traída por un repartidor. Esto, que es muy útil por ejemplo para personas con movilidad reducida, se convierte en un peligro cuando ante cualquier atisbo de aburrimiento o emoción negativa recurrimos a amazon, almacenando cada vez más trastos en casa, muchos de los cuales probablemente sean abandonados en el trastero o vendidos en wallapop.

Todo lo anterior son ejemplos de cómo buscamos a través del placer una felicidad que nunca termina de llegar. A pesar de tener las necesidades básicas más que cubiertas, vivimos con una sensación de vacío, de que algo falta. Cada vez es mayor la calidad de vida y cada vez son mayores trastornos como depresión, ansiedad, estrés… Algo está fallando.

Quiero matizar, para que no se me malinterprete, que ver una serie en Netflix, comprar algo en Amazon o beberse un cubata el fin de semana no es algo malo en sí. El problema llega cuando estas actividades se convierten en parte de nuestro día a día y pasan de ser algo esporádico a ser la norma.

Cuando la inmediatez y lo placentero nos rodea, también es más probable que aparezcan ansiedades o depresiones. Sufro si se va el wifi, sufro si el repartidor que me traía la pizza se retrasa unos minutos y monto un pollo del quince si amazon ha perdido mi paquete.

Como vivimos a través de impulsos, cuando no podemos satisfacerlos a corto plazo, sufrimos.

El filósofo Séneca no tenía ningún problema económico, de hecho era uno de los hombres más ricos y poderosos de toda Grecia, pero hacía períodos de pobreza voluntaria, vistiendo las ropas más humildes y comiendo lo justo para valorar más la riqueza cuando la tuviera a su disposición.

La disponibilidad constante de placer nos hace infelices y dejamos de valorar todo lo positivo que nos rodea.

ADAPTACIÓN HEDÓNICA: EL CORTO RECORRIDO DEL PLACER

Los seres humanos padecemos de una adaptación hedónica tanto frente a un evento placentero como a algo negativo.

Esta teoría dice que tras un estímulo placentero, pasada la euforia y satisfacción inicial, el individuo vuelve al estado de ánimo inicial, anterior a ese estímulo. Por ejemplo, si estamos pasando una etapa depresiva o de ansiedad y para paliarlo nos compramos un coche, tras la satisfacción inicial de tener un coche nuevo, con el tiempo volveremos a tener esos sentimientos depresivos o de ansiedad.

Básicamente, y de esto ya nos avisaron los estoicos hace miles de años: si no eres feliz con lo que tienes, no lo serás con lo que te falta

Por ello, la vida dedicada al placer y evitando el esfuerzo conduce irremediablemente a la infelicidad. Ser consciente de que no necesitas nada más de lo que ya tienes y todo lo que llegue para añadir más riqueza a tu vida, bienvenido sea.

Esta adaptación hedónica, por fortuna, también ocurre ante eventos negativos. Una persona que sufre un accidente y se queda en silla de ruedas, tras el shock, la rabia y frustración inicial, con el tiempo asume su situación y vuelve al estado emocional previo al accidente.

De hecho existe un estudio que explica a la perfección el concepto de adaptación hedónica, donde se compara la felicidad entre un grupo de personas que ganaron la lotería y otro grupo de personas que se habían quedado parapléjicos tras un accidente. Pasado el tiempo, ambos grupos tenían un estado de ánimo similar.

Los ganadores de la lotería elevaron tanto su umbral de placer que dejaron de apreciar los pequeños placeres de la vida cotidiana, derivando en una insatisfacción constante.

Por su parte, los parapléjicos (evidentemente) no estaban complacidos con su situación actual, pero recordaban con nostalgia lo que hicieron en el pasado, valorando de forma muy positiva lo que habían vivido hasta el momento del accidente y mostrando un estado de ánimo tras el accidente que sorprendió a los investigadores, pues era más positivo que la media ya que valoraban mucho más lo cotidiano.

Una visita de un amigo, un paseo por la naturaleza o una comida sabrosa era algo muy valorado por las personas que habían sufrido el accidente, no así por los ganadores de la lotería.

La felicidad es muy relativa.

Hasta aquí el artículo de hoy, espero que os haya gustado y os haya sido útil, si es así, te agradecería que lo compartieras 🙂

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